LA MAGIA

LA MAGIA (para ti).
Nos encontrábamos disfrutando de nuestra breve estancia en Paris, una escapada de chicas que nos gustaba hacer al menos una vez al año. Esta vez Paris, pero ya había sido Roma, Barcelona, Madrid, Milán... y las que vendrían. Tres amigas unidas para conocer, disfrutar y compartir experiencias.
Paris, no es para mí la ciudad del amor, como dicen, pero la verdad es que es mágica y si te dejas seducir por esa magia, la experiencia parisina puede ser sublime.
Estábamos cenando en un coqueto restaurante en Montmartre, Le Poulbot , y él también...
Estaba solo, dos mesas más allá de la nuestra y frente a mi; yo no había reparado en su presencia, entre la conversación con las chicas, nuestras risas... pero en un momento determinado sentí su mirada sobre mí y tuve que levantar la cabeza ; entonces nuestras miradas se encontraron; no sé porqué pero me sentí intimidada y creo que hasta me sonrojé, lo que sus ojos me dijeron me obligaron a retirar los míos de los suyos y atender a mis amigas, ellas notaron mi turbación, porque me preguntaron si me encontraba bien, y mintiendo las dije que sí.
No quería levantar la mirada del plato, pero algo mucho más fuerte que yo me gritaba que lo hiciera; y de nuevo mis ojos encontraron los suyos y descubrí además una sensual sonrisa que en otra ocasión hubiera respondido con otra cortés y educada, pero esta vez mi boca no dibujó esa seña.
Mis sensaciones eran contrarias, por una parte me sentía incómoda, pero por otra, enormemente atraída por el atractivo desconocido, y por lo tanto para evitar una situación comprometida, dije a mis amigas que me iba al hotel dando un paseo puesto que no estaba muy lejos; ellas claro quisieron acompañarme, pero ya habíamos hecho planes de fiesta y las dije que se fueran ellas, que no me importaba, es más, que prefería estar sola. Me levanté y las piernas me temblaban, me daba pánico pasar al lado de su mesa, pero no había otra posibilidad para llegar a la puerta, y cuál fue mi sorpresa cuando al mirar, vi que ya no estaba; el motivo de mi inquietud había desaparecido.
Mucho más aliviada y tranquila decidí dar ese paseo hasta el hotel y recuperar un poco la compostura perdida sin saber por qué.
La noche era preciosa, una luna grande, redonda, llena, completa, regalaba destellos platas sobre los adoquinados suelos de Montmartre y me sentí llena de esa energía.
Saludé a Pier, el encantador recepcionista del hotel y me dirigí hacia el ascensor. La puerta de éste se abrió y si, efectivamente, él estaba allí, dentro; quizá había ido en coche y lo había dejado en el parking del hotel y ahora subía a su habitación en el ascensor, en el ascensor que yo iba a coger...
Con una voz profunda y melódica voz me dijo: "entrez, s'il vous plaît"
Y casi arrastrando mis pies, -nunca me habían pesado tanto los tacones que parecían agujas clavadas en la moqueta- entré en el ascensor y dirigí mi mano hacia los botones para apretar el tres, pero antes de llegar, su mano rozó la mía y al tiempo que la retiraba , acercaba la suya con la llave de su habitación - la 404- , diciéndome en castellano pero con un marcado y seductor acento francés: " Creo que te has confundido de planta, tú donde realmente quieres ir es a la cuarta", y a continuación su boca absolutamente deseable se fundió con la mía en un breve pero intenso beso.
Entonces descubrí porque me había sentido tan agitada hasta ese momento; efectivamente, yo deseaba ir a la cuarta planta para descubrir la magia de las noches de Paris.
PD- Este relato ha sido rescatado del baúl de los recuerdos.





















Lidia Cervantes dijo
Bufff... nena, qué calor debe hacer en el fondo de ese baúl si tienes más cosas como esta...
También dicen que es la ciudad de la luz y a fe que tú la viste.
Me ha encantado esa mezcla de sensualidad y misterio que desprende el relato. Muy, muy bueno.
Besos, bruja encantadora
7 Junio 2009 | 12:49 PM