VENUS OLIMPIA
VENUS OLIMPIA *
Estaba feliz. Había vueltoa encontrarse con su amor de juventud y para él, su amor de madurez, casi senectud; les habían reunido después de tantos años.
Llevaba observando su mundo desde su espejo, reposando sobre el diván, y ahora lo veía a él a través del mismo. El espejo no sólo le servía para ver su propia belleza, eran sus ojos para el exterior.
Ella la bella Olimpia Triunfi, retratada por su amado, por el padre de su hijo: Diego Velázquez. Él, el más reconocido pintor de la corte española; la observaba con los ojos del deseo como hombre y con los ojos del artista, con la paleta y el pincel en la mano.
Decían los que por allí pasaban, los que los visitaban; que estaba pintando a los reyes, mientras la infanta Margarita observaba la escena, acompañada de sus meninas, enanos y su mastín favorito.
¡Tonterías! Sabía que si ella estaba presente, todos tenían ojos sólo para ella, y por supuesto él. Sabe que cada pincelada de su paleta al lienzo, era una caricia a su cuerpo; que cada pincelada, estaba dedicada a ella. Y ella, coqueta, insinuante, se mantenía esquiva ofreciendo su espalda desnuda sin fin, foco de atracción; veía su provocadora y sensual imagen por el espejo y admiraba al artista a través de éste también.
Ahora de nuevo juntos en el Prado, la casa de él; pronto de nuevo serían separados y ella volvería a su último hogar en Londres, en la Nacional Gallery; pero durante su visita española disfrutaría de nuevo de aquel que la hizo pasar a la posteridad.
* Este relato fue escrito con motivo de la exposición de Velázquez en el Museo del Prado, cuando se trasladó desde la National Gallery de Londres, la obra "La Venus del espejo" ( Diciembre 2007)










Lidia Cervantes dijo
Curiosa forma de trasladarse y recrear el momento de la creación.
¿Por qué no? Releyendo... no me cabe duda de que debió ser asi. Y si no, debió haberlo sido.
Un beso, visionaria.
4 Julio 2009 | 08:31 PM