SEVILLA
SEVILLA
Ya lo dice la canción, que Sevilla tiene un color especial y sin duda lo tiene; a pesar de que uno de los días la lluvia no cesó en su empeño de acompañarnos, junto con ráfagas de aire, con nubes que insistían en oscurecer esa luz sevillana... Sevilla tiene un color especial.
Sevilla es arte en cada esquina, y aunque en enero los geranios no coronen balcones, se respira arte, se ve arte, se oye arte...
Llegamos pensando que el frio y el agua nos invadirían, pero no, al bajar del avión, un tímido sol se abría entre nubes y enseguida la luz de unos ojos y la simpatía de una sonrisa, salieron a recibirnos. Nuestros amigos nos esperaban para ser, los mejores guías, los mejores anfitriones, los mejores compis de juerga, en definitiva los mejores.
Dejamos las cosas en el hotel y nos fuimos a degustar la gastronomía de la zona, mientras nos daba "igual pasear por Sierpes o en la Plaza Nueva", haciendo fotos.

La emoción de una de mis amigas, que habiendo nacido en Sevilla, no conocía su ciudad; nos inundó a todos. Para ella cada paso, cada espacio era un descubrimiento lleno de ilusión; no digamos nada cuando al visitar los monumentos, la dejaban acceder gratis por poner en su carnet de identidad que era sevillana (esto no sé si era por ser sevillana o porque le salía la vena catalana, jeje -es una maldad-)
Tuvimos nuestro encuentro con la catedral que desde lejos nos imponía su presencia con la Giralda, con un pequeño avistamiento del patio de los naranjos; cerraban y dejamos la visita para el día siguiente.
Otra de mis acompañantes, cumplía años y sentados en una terraza de un hotel, justo enfrente de la Giralda, la dimos una sorpresa que para nada se imaginaba y de nuevo la emoción y algunas lágrimas.
Un paseo por el barrio de Santa Cruz "por esas callecitas tan estrechas", barrio lleno de embrujo y encanto; cuando ya el sol se escondía y comenzaban a encenderse la luces artificiales, dando otro color a la ciudad.

En el hotel preparándonos para salir a cenar, tuvimos un momento de carcajadas descontroladas; es imposible que una prenda íntima se pierda y que una no se dé cuenta, pero algún duende de la noche estaba juguetón.
La noche se presentaba típica pero no tópica, Triana nos esperaba al otro lado del río, para cenar brindando con fino, por los que estábamos y con un recuerdo muy especial para las brujas que nos faltaban. Un paseo, una primera copa, momentos de compartir sensaciones, sentimientos, ojos llorosos en distintas caras, que dieron lugar a risas y carcajadas...emociones a flote.
Había que seguir, Triana canta por las esquinas, y el sonido de una guitarra y una voz increíble nos invitó a tomar varias copas y dejarnos emborrachar por la voz de una preciosa mujer que reunía arte, belleza, elegancia; su voz y otras voces nos dejaron palmear y taconear con ellas y recordar de nuevo esas rumbas con catalanas, (otra vez presentes, brujas).

Madrugada en Sevilla, necesitábamos descansar, recogida al hotel, nos quedaba otro dia en Sevilla.
Se despertó lluvioso, dicen que la lluvia en Sevilla es una maravilla, pues no lo es, cuando además se acompaña de viento y quieres hacer recorrido turístico; así que optamos por visitar los Reales Alcázares y el interior de la catedral; dicen que después de San Pedro en Roma, San Pablo en Londres, es la más grande; desde luego es muy bella, destacando el retablo del altar, la sillería del coro, la reproducción del Giraldillo en plata...
El Alcázar, aires árabes llenos de arte, artesanía, mocárabes policromados, techos artesonados dorados, fuentes, acequias... nos transportan a otra época, a otra cultura.
Había que reponer fuerzas, comida típica y rica rica, regada de bebida fresca, eso que no falte.
Añoranzas, ausencias, pensamientos, preocupaciones, que se unieron al sentimiento de una despedida cercana, me hicieron tener unos momentos especialmente sensibles; pero había que recuperar la sonrisa para despedir a los ojos brujos, a mi amiga que nos dejaba en buenas manos, en las del mejor guía, compañero, amigo que camino del aeropuerto nos acercó hasta la espectacular Plaza de España, uno de los lugares que a pesar de mis dos visitas a Sevilla, no conocía y estaba especialmente interesada en visitar. La lluvia deslució sólo en parte, porque la belleza de esta plaza es difícil de tapar con unas nubes o unas gotas de agua, y además es otra forma de verla.

Había que decir adiós a Sevilla, al "pijo del prao", a su simpatía, a su gracia, a su elegancia, a su cariño.
Pocos días, intensos, vividos a tope gracias a mis compañeros de viaje y gracias especiales a los amigos de allí, que acogieron a los míos mejor que a mí misma si eso es posible. A todos, gracias por estos momentos que me hacen tanto bien. Os quiero.
PD- Pasaros por mis fotos.

















CORSARIO dijo
Gracias por enseñarme un poco de tu viaje. Con tu permiso te dejo este complemento
http://www.youtube.com/watch?v=-uC2iEgjqrs
Un beso
18 Enero 2010 | 12:35 AM